En mi lecho de muerte
Tic-tac, hace el reloj.
Cuenta mi vida.
Pasan lentos, segundos.
Se acerca mi ida.
Perdidos en la memoria
¿Serán ahora recordados?
¿Aunque no fueran héroes?
Cedieron su vida por ti.
Suenan tristes oboes,
requirem, un último adiós.
¿Serán ahora recordados?
Que perdure la paz
No volveré a estar
umbrío por la pena,
tenue de esperanza
o sin fuerzas, sin ganas.
Ni en perpetua condena,
ni arrastrando cadenas.
Aunque vengan tormentas,
abierta está mi alma.
Despierto al alba
Despierto al alba,
al tic-tac sonoro
más no abro los ojos,
dormida sigue mi alma.
Ojalá vivir
en este etéreo
espacio que yo creo
cuando quiero huir.
Tarde por la Noche
Susurra la brisa suaves sonidos.
¿Sugiere, el viento, sentirse solo?
A veces imploro.
A veces, me rindo.
Coraje
Como mirar al abismo
y que el abismo te devuelva
la mirada. Un suspiro
se escapa sin tener donde volver.
El corazón ahora aprieta
y sé que me quiere detener,
más me siento decidido.
Miro al vacío por última vez.
Cuando escribo
Este verso que me muerde la mano,
esta voz que me grita al oído:
"¿Ya dejaste siquiera de intentarlo?
¿Es este mi sufrimiento y desvarío?
¿Es, el lápiz que sostengo,
mi verdugo? ¿Mi asesino?
Sin saber lo que pretendo,
hoy aferrado a la esperanza
como se aferra la última hoja,
una vez iniciado el invierno,
de la ultimísima planta.
A veces veo...
Hoy la noche acompaña mi alma.
¿Estará, acaso, intentando imitarme?
Ni lucecitas, ni Luz blanca,
no centellea el firmamento
e, impulsado por el viento,
se zarandea un cadáver.
¿Intentan las lágrimas nublar mi vista
o mi destino funesto?
Cafetería Época
El corazón tranquilo
palpita al compás
del lento ritmo
del suave jazz.
En frente mis amigos,
en el fondo el bar,
detrás hay libros,
en el aire hay paz.
Cuando me invaden los celos
Mi helado corazón quema
cuando ya no soy tu amor,
me invade el falso temor;
"No leerte este poema".
Perderte por un rumor.
Felicidad en pretérito
Qué curiosos versos
escribí en el dorso,
cuando aún me quedaban
(y ahí se quedaron)
mi fuerza y mis ganas
de seguir avanzando.
Vacío
Me siento a la sombra
de un olmo sin hojas.
La gente me mira.
Así me siento.
Escucho risas.
¿Acaso un olmo no aflora?
Me faltas
El tiempo pasa lento
esperando tu llegada.
Tú congelas el fuego
y mi alma sin ti está helada.
¿Otra vez tú?
Qué curiosa coincidencia. Baja y regordeta (aunque aún conservaba sus
curvas). Caminaba con desgana, como una mano invisible la inclinara
desde la nuca. Iba oscura, muy oscura. De haber sido de noche no la
habría visto y, quizás, hubiese sido mejor.
Decidí acercarme a ella, apenas la recordaba.
Pelo negro hasta los hombros y turquesa en el fleco, cejas gruesas,
que aún así conservaban un toque femenino cuya procedencia no podía
puntualizar. Su pequeña nariz iba a juego con su intento de sonrisa
cortés; me había visto.
Hombros caídos, con más desgana que su forma de caminar. El dibujo de su
camiseta me recordó su grupo de rock favorito (creemos olvidar cosas,
pero simplemente se ocultan, esperando el momento oportuno para salir
a flote), negra, al igual que sus vaqueros, zapatillas y labios. Todo muy
ancho. Nunca le gustó estar apretada.
Sonreía, un intento de cortesía típico de ella en situaciones incómodas.
-¿María? -aunque era obvio, pregunté.
-Hola.-otra vez al sonrisa.
Y entonces lo recordé todo. Y la odié. La odié con toda mi alma.